Allí donde un rayo de sol penetre hasta mis huesos, es el lugar donde quiero quedarme.
Bendita luz que relaja mi retina y llega sigilosa, de puntillas, atravesando capas de mi frágil piel, salteando barreras musculares hasta alcanzar un esbozo de sonrisa en mis huesos.
Sensación de plenitud, como un hondo suspiro, como el mar en calma.
Ausencia de color para que mi retina pueda descomponerlos todos en un baile armonioso.
Especial placer que relaja agradable mi cerebro, ahuyenta y ahorra escalofríos.
Cuando la luz me llega, llega la paz a mi alma, cierro los ojos para sentirla y oigo atenta su silencio.
Me siento bien.
La luz me calienta la sangre hasta hacerla burbujear, establece una conexión por todo mi cuerpo y se me enciende el ánimo y las ganas de vibrar.
Le doy las gracias a Huitzilopochtli, Hesiodo , Helios… sin él no puedo vivir, lo necesito más que al aire y le emplazo a un nuevo encuentro para mañana.
Y por supuesto te doy las gracias a ti, porque tú eres mi luz.