miércoles, 8 de septiembre de 2010

MASAJE, publicado en el viejo blog el 27-07-2008


Escudriño con mis ojos los pocos objetos que hay en la diáfana habitación. Rápida toma de contacto, intento buscar una complicidad entre el sitio y yo, romper el hielo.



Me deshago de la ropa pudorosamente tras el biombo, extraño pudor, cuando siempre ando desnuda por las playas de dios, es como si me quitara una armadura, me siento desprotegida. Me recojo el cabello, dejando la nuca libre.


Tumbada en la camilla, mi cabeza hacia abajo, brazos extendidos, dispuesta…Bueno, dispuesta a medias, algo nerviosa.


Mi desconocimiento del tema me lleva a pensar que estando boca abajo el grado de alerta pasa a un segundo nivel, menos zonas erógenas.






(Días antes…


-a ver cuando me dejas que te de un masaje-


-cuando tú quieras-


Y así, con esas tres tontas palabras, firmé mi sentencia de muerte…)






Yo, con lo sibarita que soy y a pesar de tener el físio a mano, nunca mejor dicho, no le suelo dar baños de multitud a mis ajados sentidos.


Aparece en escena, pero debido a mi posición no la veo. Algo líquido cae por mi espalda, me pregunta si esta frío…le digo que no, frío, que ironía, con el calor que tengo.


Sus manos se posan en mi espalda con forma de mariposa, cada una a un lado. Un leve empuje, toquetea intentando buscar la causa del dolor, me dice: -esto está muy mal, eh-


Va a comenzar la fiesta de mis sentidos, los músculos frenéticos están tensos y la piel se eriza con el más leve y suave roce de los dedos. La presión sanguínea aumenta desconsiderada y la sangre fluye acelerada por todos los rincones como el tic tac de un reloj en medio de la noche. Poco a poco me voy relajando y sintiéndome cómoda, más cada vez. La sensación es la misma que estar envuelta en la arena suave, fina y caliente de la playa, la misma que provocan los rayos de sol al penetrar hasta los huesos, el agua del mar, las olas golpeándome.


Por momentos confundo el masaje con caricias, realmente lo son, pero caricias huérfanas, sin madre intención.


Sus manos no se despegan ni un segundo, andan por todos los rincones, saben lo que hacen…el silencio inunda el habitáculo. Mi respiración se acelera y desacelera, por según que zonas se deslicen, soy extremadamente sensible.


Es toda una conversación sin palabras, es el lenguaje de la piel con la piel.


Me mese el cabello, la cabeza, me encanta, sencillamente me encanta. No quiero pensar ni confundir, no estoy con una amante para pedirle más, para girar y dar la vuelta, para entrar en acción…solo debo permanecer quieta, recibiendo, en silencio…Mis dedos chasquean, abandonados, castigados… Algunas sensaciones no se pueden explicar, hay que vivirlas.


De repente, me despierto………todo ha sido un sueño, un dulce y relajado sueño...


Me quedo en la cama un rato saboreando...