Te he llevado impecable la espuma del mar en mi pelo.
Por fin salieron en procesión uno detrás de otro y se fueron estampando por toda tu piel. Los tuyos agolpados junto a la rendija, esparcidos y empujados con la fuerza del hierro por diferentes caminos, maleándose, adoptando formas sugerentes.
Hoy, lejos, mi piel fuera de juego anda a caballo entre la pasión y el dolor de no tenerte cerca.
Cuando estoy contigo quisiera romper el tiempo, ese que camina a paso lento cuando no te hallo, pared con pared aspirando el aire que tú expiras.
Mientras espero paciente tu regreso, no dejes de pensar en mis ojos abiertos cuando mires por encima de hombro al horizonte, yo no olvidare los tuyos casi cerrados cuando te provoco… una sonrisa.
-Di, cuanto me quieres del uno al diez …
-veinte o treinta…
Y regresa el jolgorio y el regocijo a nuestros oídos. Las carcajadas vuelven a dar paso a otro rosario de besos y toda la liturgia del momento sale magníficamente victoriosa.
Me gritas muy alto que me quieres y susurro bajito que te amo.
Tu cuerpo es un manantial de besos y del mío afloran tus sensaciones.
Recuerda, tu no me robas nada, mi tiempo es tuyo, solo tuyo.
Ha triunfado la locura, mi pozo de tormenta está en calma y mientras me maquillas a besos, brindamos con fuerza por pedacitos de felicidad oculta… aún así, sigo con hambre de ti.
Contigo soy todo lo que puedo ser. Tú conmigo, eres…