Te conocí cuando todavía ni eras tú y yo ya andaba de tambaleos, decepciones y desilusiones.
Estuviste rastreando mis huellas hasta atinarme por sorpresa.
Planeando sobre mí, sobrevolando, sin saberlo.
Supiste sacarme jugo sin exprimir, con pericia y veladas histriónicas de risas frescas.
Tú siempre con calidad, ganando directamente.
Te supe cada instante y me fui habilitando un espacio para la ilusión.
Incertidumbre de querer saber qué era lo que me llegaba salteando a cuentagotas.
Seguía muy atenta la ejecución de cada sigiloso movimiento.
Después de tan dilatado letargo, me coges como siempre sumida en un marasmo. Soy un remolino cóncavo de las mismas cosas…
Llegó el momento del reencuentro y me vuelves a coger…esta vez de la mano y con voz firme me pides sin abrir la boca, que salte despacio y aquí estoy.