Histriónica protagonista de la novela de la noche, blanca muy blanca de ideas negras.
Huella dactilar en la escena del crimen.
Gitana pálida de naturaleza noble que sobre la arena mojada de la playa escribe cartas a su rey, el mismísimo rey de la puertas del infierno, que como un pelele la agasaja con chispas al clarear. Ella lo eclipsa a sabiendas de que jamás la podrá atrapar.
Las dos caras de Marte en eterna dicotomía se la disputan, Urano recostado de un lado la espera en el lecho, Saturno le ofrece anillos de boda, gigantes de hielo buscando pelea con los que en el silencio blanco de la negra noche se hace ella, presumida, un collar de perlas.
La miro embelesada oyendo la música de su silencio, mientras imagino su preciada y enigmática cara oculta, de la que no arroja ni las migajas.
Cuando asoma, dentro de mis ojos hay un baile de múltiples duendes danzarines que entre cosquilleos y nanas me hacen abandonarme. Hipatia camuflada, se mofa de mí.
He demostrado con creces ser una buena alumna, quiero probar sus uvas con queso. Me atrae y me alimenta. La persigo sin lógica ni meticulosidad.
“En las últimas fases de la vida de una estrella, antes de morir, produce un tipo de hierro que al estallar se disemina y se transforma en el mismo tipo de hierro de nuestra corriente sanguínea. Somos estrellas.”
Levanto mi barbilla y la sigo buscando, hoy quiere jugar al escondite.