La sed es deseo.
Tengo sed y quiero beberte.
El corazón es el hogar de la conciencia, la misma que no me deja en paz.
Siento que soy la mujer demonio con cabeza de cocodrilo que consume, sin parar, almas de pecadores.
Atrapada en el dolor.
Me siento desprotegida si tú no estás.
Tengo mucha sed.
Ven y ahógate en mí.
He perdido el compás en el baile y me he llenado de silencios y lunas rotas. Me he instalado en un lugar que no es el mío.
Ahora tu sed es todo lo que llevo dentro. Nunca he dejado de mirarte, pero ahora vuelvo a verte. Asomas tras las persianas echadas y sonríes levemente.
Palabras escritas en trozos de papel.
Tus abrazos espantan mis miedos. Ven.
